Proteger a los adolescentes en el mundo digital, no del mundo digital
09 Dic, 2025 [[read-time]] mins de lectura
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El aumento de la popularidad de las nuevas tecnologías entre los adolescentes —desde los videojuegos hasta los teléfonos inteligentes y las plataformas de streaming— ha planteado, como es de esperar, preguntas importantes. No solo sobre la manera correcta en que los padres deben ayudar a sus hijos a navegar este panorama tecnológico cambiante, sino también sobre el papel que debe desempeñar la regulación tanto para proteger como para empoderar a los jóvenes.
Con ese fin, hemos trabajado con reguladores y tomadores de decisión a nivel mundial para abordar sus dudas sobre cómo proteger a los jóvenes en línea, y hemos presentado una propuesta regulatoria detallada que ha sido bien recibida.
Prácticamente todo el mundo reconoce que YouTube ofrece beneficios inmensos: es una fuente de educación, entretenimiento e inspiración para los jóvenes de todo el mundo. Lamentablemente, en algunos países como Australia, los gobiernos están adoptando una postura extrema al buscar la prohibición total de las cuentas de YouTube para personas menores de cierta edad, a menudo menores de 16 años.
La semana pasada compartimos una actualización sobre cómo funcionará YouTube para los usuarios y creadores en Australia como resultado de la nueva ley. Mientras otros gobiernos del mundo consideran cómo abordar el desafío real de ayudar a los jóvenes a mantenerse seguros en línea y, al mismo tiempo, permitirles acceder a material positivo, queda claro que las prohibiciones generalizadas de cuentas tendrán consecuencias extremadamente negativas.
Aquí presentamos cuatro razones por las que consideramos que prohibir o restringir el acceso a YouTube por edad de esta manera resultará probablemente contraproducente:
Durante más de una década, hemos invertido en colaborar con expertos en desarrollo infantil para crear productos a medida, como YouTube Kids para nuestros usuarios más pequeños; lanzar experiencias supervisadas para adolescentes y preadolescentes, e implementar controles parentales robustos para todos los menores. Integramos estas protecciones directamente en nuestros productos y otorgamos a los padres la capacidad de elegir lo que ven sus familias.
Las prohibiciones generalizadas arrebatan estas opciones a los padres y, en su lugar, expulsan a los menores de estos espacios más curados y supervisados. Los jóvenes terminan utilizando cuentas de adultos o navegando de forma anónima, y a menudo acceden a servicios menos seguros en Internet; Existen informes que indican que esto ya está sucediendo. La ley australiana, por ejemplo, significará que los jóvenes que accedan a YouTube no tendrán ninguna de las protecciones, controles parentales o funciones (como el bloqueo de canales individuales) que incluimos en nuestras cuentas supervisadas para preadolescentes y adolescentes.
“94 % de los profesores a nivel mundial ha utilizado YouTube en su labor educativa. Los docentes usan la vasta biblioteca de contenido educativo gratuito para dar vida a la historia, demostrar conceptos científicos y reforzar el aprendizaje.”
Imponer prohibiciones generales de cuentas en YouTube denota una profunda falta de comprensión sobre por qué los adolescentes acuden a la plataforma en primer lugar y cómo funciona realmente nuestro servicio.
YouTube es un servicio de streaming donde la gente entra para ver lo que ama y para aprender; desde vídeos sobre "cómo hacerse el nudo de la corbata" hasta discursos famosos, podcasts de noticias, conciertos en directo o resúmenes deportivos. Cada vez más, este consumo ocurre en las pantallas de televisión.
También es valorado por los docentes: el 94 % de los profesores a nivel mundial ha utilizado YouTube en su labor educativa. Los docentes usan su vasta biblioteca de contenido educativo gratuito para dar vida a la historia, explicar conceptos científicos y reforzar el aprendizaje. Según una encuesta reciente a adolescentes europeos, el 74 % afirmó que veía vídeos en YouTube para aprender algo nuevo para la escuela.
En este contexto, obstaculizar nuestra capacidad para mostrar contenido educativo y de entretenimiento para los jóvenes carece de lógica. Si el objetivo de la regulación es abordar los daños específicos de las "redes sociales", resulta contraproducente hacer más difícil que los jóvenes consuman contenido educativo, informativo y de entretenimiento en YouTube, que son precisamente las alternativas que buscan en lugar de a la interacción en las redes sociales.
La misión de YouTube es dar voz a todo el mundo y mostrarles el mundo, pero también debemos asegurarnos de que los jóvenes aprendan a explorar y compartir de forma segura. Vale la pena preservar los importantes beneficios que surgen de la capacidad de que todos tengan voz, siempre bajo medidas de protección bien pensadas. YouTube proporciona a los jóvenes habilidades digitales, conexión, aprendizaje y la oportunidad de expresarse tanto creativa como políticamente.
Para algunos jóvenes, YouTube representa incluso la oportunidad de iniciar tempranamente una carrera creativa. Algunos de los artistas más grandes del mundo —desde Justin Bieber y Dua Lipa hasta BTS y Troye Sivan— tuvieron sus comienzos en YouTube siendo adolescentes.
Esta no es solo una oportunidad creativa; es una oportunidad económica. El ecosistema de creadores de YouTube sustenta millones de empleos en todo el mundo y contribuye significativamente al PIB global. En los últimos tres años, YouTube ha pagado más de 100 000 millones de dólares a creadores, artistas y empresas de medios en casi todos los países del mundo.
Apoyamos una regulación basada en evidencias que proteja a los adolescentes en el mundo digital, no del mundo digital. Esto incluye propuestas que exijan a la industria estándares para controles parentales, limiten el acceso a tipos específicos de funciones de riesgo, requieran la participación de expertos independientes en seguridad infantil en el desarrollo de productos, implementen herramientas de estimación de edad que preserven la privacidad y establezcan estándares de contenido claros.
La regulación también debería exigir que las plataformas ofrezcan una gama de configuraciones adecuadas para cada edad y que respeten la privacidad, ayudando a los padres a abordar las necesidades y preferencias únicas de sus hijos en cada etapa. Asimismo, la normativa debería prohibir la publicidad personalizada para menores y la venta de información personal de niños y adolescentes a terceros, incluidos los corredores de datos (data brokers).
Este tipo de enfoque integral garantizaría que las plataformas tengan incentivos para crear experiencias más seguras y adecuadas a la edad, y que los padres tengan el poder de tomar las decisiones correctas para sus familias.
Y, por supuesto, junto con la regulación, las industrias tecnológica, de medios y de entretenimiento tienen una responsabilidad con sus usuarios más jóvenes. Continuaremos con nuestro trabajo e inversión constantes, sumando a nuestro compromiso el diálogo constructivo con los reguladores de todo el mundo en estos cruciales temas.